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03
Jul
2014
Yrigoyen Jefe Inmortal

Hace 81 años cerca de las 19:30 horas se abría el balcón del modesto departamento en el que agonizaba un gran patriota. Un dirigente de su partido anunciaba : "Ha muerto el doctor Hipólito Yrigoyen". La multitud (parte de la cual se puso de rodillas) comenzó a entonar las estrofas del himno nacional. Tres días duro el velorio y el radicalismo rechazó los honores del gobierno fraudulento parido por la dictadura militar surgida del golpe del 6 de septiembre. Ese radicalismo del pueblo quiso que sólo el pueblo de la "causa" homenajeara a Yrigoyen y no se acercara nadie del "régimen". Y así fue. A lo largo de esos tres días se congregaron argentinos que llegaron desde distintos rincones de la patria y el día del entierro una multitud hasta entonces nunca vista en Buenos Aires llevo a pulso el cajón de Yrigoyen. Otra vez el pueblo. El mismo pueblo que en 1916, cuando Yrigoyen asumió la primera presidencia, desato los caballos de la carroza que lo trasladaban desde el Congreso hasta la Casa de Gobierno (y para horror de la oligarquía) arrastro el carruaje para dejar en claro que esa vez era el pueblo, por derecho propio, el que se hacia cargo del poder.
La vida y la muerte, la gloria y el ocaso, las revoluciones y las elecciones siempre unieron a Yrigoyen con el pueblo. Por eso los conservadores, las élites del coloniaje, los buitres de entonces disfrazados de petroleros, los oligarcas enquistados (cuando no) en el Poder Judicial cuya Corte válido el golpe y los principales diarios de la época lo odiaron, lo vilipendiaron, lo calumniaron y finalmente lo voltearon y lo desterraron a la isla Martín García para que la humedad y la inclemencia del lugar hicieran su trabajo sobre el viejo luchador y la fragilidad de sus pulmones. Es que el régimen fraudulento y entreguista no podía convivir con un Yrigoyen de pie y activo. Siempre existía el riesgo que la "chusma radical" volviera a ser protagonista de la historia y ellos tuvieran que ceder sus privilegios.
Pero Yrigoyen no murió. Los grandes patriotas no mueren nunca. Siempre están presentes en la memoria de los pueblos y siguen haciendo historia.

Leopoldo Moreau


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